Cracovia por Meritxell Díaz
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Hay quien todavía asocia Cracovia a la imagen de una ciudad gris, sin vida y taciturna, que soporta el peso de una historia convulsa. Sin embargo, la Cracovia real está muy alejada del estereotipo y sorprende.
Sorprende por su vida cuando cae la noche; por la cantidad de clubs subterráneos y de cafés entre los que elegir para ir a tomar una copa o leer el periódico delante de una taza de té; por el apogeo cultural que la ha inundado de galerías y museos; por el encanto de su barrio judío, en el que uno no puede dejar de perderse, y por el carácter hospitalario de sus habitantes.
Los más de 120.000 estudiantes que la habitan han sido uno de los principales revulsivos para el cambio. Cracovia ha resurgido. Sin ir más lejos, el año pasado sedujo a más de siete millones de turistas, una cifra nada menospreciable que va a seguir yendo a más. Y es que Cracovia es la verdadera alma de Polonia. De hecho, fue capital del país entre 1038 y 1609, año en que Varsovia se hizo con el mérito. De ahí la rivalidad existente entre los habitantes de ambas ciudades.
Cracovia, situada a 300 kilómetros de Varsovia, es una de las ciudades más bellas de Europa. No deja indiferente. Cautiva. Quizá por eso la UNESCO no dudó en incluirla en la primera lista que elaboró en 1978 de lugares Patrimonio de la Humanidad. Sus vistas sobre el río Vístula, el castillo de la colina de Wawel, la ciudad antigua y la Lonja de los Paños son sólo algunos de los muchos atractivos que ofrece al viajero. No olvides tampoco visitar la fábrica de Oskar Schindler, que Steven Spielberg inmortalizó en la película La lista de Schindler.
HISTORIA
Cuenta la leyenda que la ciudad se fundó sobre la colina de Wawel. Sus habitantes vivían tranquilos, hasta que un dragón decidió instalarse en una cueva que había en la colina. El dragón sólo se alimentaba de mujeres vírgenes. Y así, le fueron entregando todas las jóvenes del lugar hasta que sólo quedó viva la hija del rey. La bestia también quería devorarla, pero la princesa salvó su vida gracias a la valentía de un zapatero que le dio al dragón comida mezclada con sulfuro. Ello le obligó a beber agua y más agua del río Vístula hasta que... ¡explotó! Como premio, el zapatero consiguió la mitad de la ciudad y la mano de la princesa. Y en este lugar se originó Cracovia. Es por este motivo que la ciudad está repleta de insignias de dragones.
Dejando las leyendas a un lado y centrándonos en la historia, en el siglo IX una tribu eslava vivió en la villa amurallada de Wawel. Sin embargo, el primer documento escrito que menciona Cracovia data del año 965 y su autor es Ibrahim Ibn Yaqub, un comerciante judío de Córdoba que viajó a Polonia en busca de sal, plata y estaño. Desde el principio, Cracovia jugó un papel fundamental en la historia del cristianismo en la zona y en el año 1000 se fundó su diócesis.
Una de las épocas doradas de Cracovia fue el reinado de Kazimierz el Grande, de 1333 a 1370. En estos años se instalaron muchos judíos en Kazimierz, un pueblo de los alrededores de Cracovia que más adelante pasaría a formar parte de la ciudad. En los siglos XV y XVI Cracovia se convirtió en un centro de la cultura, el comercio y la ciencia, en parte gracias a la inauguración de la universidad. También tuvo un papel importante en el Renacimiento europeo.
Durante el siglo XVIII Cracovia fue objeto de ocupaciones y saqueos. Perteneció a Rusia, Prusia, Polonia y luego Austria, aunque pronto volvió a resurgir. En la II Guerra Mundial, Cracovia no sufrió la destrucción que asoló el resto de ciudades polacas. Aún así, fue un periodo trágico: murieron la mayoría de artistas e intelectuales. Los casi 70.000 judíos que vivían en Cracovia antes de 1939 desaparecieron. Más adelante llegaría la época comunista, un régimen que no gustó para nada a los cracovianos, quienes intentaron derrocarlo. Desde 1989, Cracovia sigue su curso e intenta reflotar su economía y aprender de su historia. Por ello, en sus calles conviven pasado y presente de forma armónica.
LENGUA
El polaco es la lengua oficial de Polonia. Es un idioma eslavo oriental, emparentado con el eslovaco y el checo. De hecho, comparten muchas palabras similares. Aunque hoy, en la mayoría de colegios, los estudiantes también aprenden inglés, por lo que puedes utilizarlo para hablar con la gente joven. Años atrás era obligatorio aprender ruso en la escuela. Pero, por las tensas relaciones entre Polonia y Rusia, ¡es mejor que no te dirijas a nadie en ruso! A continuación, te mostramos algunas expresiones que pueden resultarte útiles en tu viaje. Los polacos valoran mucho que te puedas dirigir a ellos en su lengua, aunque sólo sea para saludarlos:
| Hola: Cześć (leído chesch). |
| Adiós: Do widzenia (leído do vitzénia). |
| Buenos días: Dzień dobry (leído llen dóbry). |
| ¿Qué tal?: Co słychać? (leído tzo slíjach). |
| Sí: Tak. |
| No: Nie. |
| Me llamo…: Nazywam się… (leído nasívam sie). |
| Por favor: Proszę (leído próshe). |
| Gracias: Dziękuję (leído llenkúie). |
| Lo siento: Przepraszam (leído psheprásham). |